Suelo detenerme en el
mismo puente todos los días solamente para beber y recordar viejos
tiempos con un rico vaso de café, donde la señora más amable que he
visto en la faz de la tierra me atiende.
- Hola Zayn.
- Hola Margaret.
- ¿Lo mismo de siempre?
- Claro, ya me conoces- reí.
- Saliendo un capuccino doble- sonrió.
- ¿Cuándo va a aceptar el local que le ofrezco? Llevo un año esperando su respuesta.
- Ya te dije Zayn, no lo aceptaré por el simple hecho que no quiero causarte molestias- me entregó el café.
- No son molestias Margaret- bebí un sorbo- es para que estés más cómoda.
- Muchas gracias pero no me convencerás- rió- además me agrada la vista y me va bastante bien aquí.
- Bueno, ya sabes cuando quieras te entrego las llaves.
- ¿Cómo ya lo compraste?- preguntó sorprendida.
- Si, hace un año, está intacto- sonreí.
- Tú no cambies ¿He?
- No, no cambio- reí.
Me bebí el café, mire mi reloj un relox plateado y se me hacía tarde, muy tarde.
- Bueno Margaret, nos vem…
- ¡Fíjate en donde caminas!- choqué con una chica haciendo que cayera al suelo.
- Lo siento mucho- traté de levantarla.
- ¡Déjalo así!- se levantó sola.
- Que genio- le entregué sus cosas.
- Lo siento… es que no ha sido una buena mañana.
- Descuida- sonreí mientras retomaba mi camino- Adiós Margaret.
- Que tengas un buen día.
- Señora ¿Quién es ese chico?- escuché.
Me gire ante la pregunta y le respondí:- Zayn- moví mi mano de un lado a otro.
Desde ese día nada fue igual.
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